Sarampión infantil

Sarampión infantil

El sarampión es una enfermedad que se da generalmente en la infancia y se caracteriza por la aparición de un conjunto de erupciones cutáneas. Actualmente no es una afección demasiado frecuente gracias al desarrollo de los programas de vacunación existentes en los países occidentales. Aún así, en los últimos años se han registrado brotes de sarampión en países como Estados Unidos o Italia, con varios cientos de casos reportados.

¿Qué es el sarampión?

El sarampión es una enfermedad vírica aguda que se produce a causa de un paramixovirus de la familia Morbillivirus. Se trata de un virus relativamente complejo, el cual es capaz de romper la membrana de las células y generar la fusión de las mismas; de esta manera, se crean células gigantes multinucleadas, y, como resultado, el virus tiene la capacidad de pasar de una célula a otra.

Se trata de un virus que puede afectar a todos los grupos de población. No obstante, son los niños de entre 1 y 5 años los más sensibles al sarampión, así como mujeres embarazadas.

Merece la pena destacar que el virus del sarampión es muy contagioso; resulta muy sencillo transmitirlo de una persona a otra. El contagio se puede producir al toser, al estornudar e incluso al hablar; también por el contacto directo con la secreción viscosa de las membranas mucosas.

Causas del sarampión en niños

Generalmente, el sarampión se da en la infancia, en niños de entre 1 y 5 años de edad. La causa directa de esta enfermedad es la infección por el virus del sarampión, una afección muy contagiosa y que se transmite a través del contacto directo con una persona infectada, así como por el aire.

Es esencial recordar que este virus puede sobrevivir fuera del cuerpo, por ejemplo en una determinada superficie, durante varias horas. Una vez el virus entra en el cuerpo comienza a multiplicarse en el sistema respiratorio y poco a poco se extiende por todo el cuerpo; el sarampión afecta principalmente a los pulmones y a la piel.

Cuando un niño contrae esta enfermedad, puede contagiar al virus una semana antes de que se presenten los primeros síntomas, así como una semana después de que éstos aparezcan.

Por regla general, una persona no puede infectarse dos veces de sarampión. Por lo tanto, si un niño sufre esta enfermedad, su cuerpo desarrolla inmunidad contra el virus.

Síntomas

Los síntomas del sarampión se presentan unas dos semanas después de que los más pequeños hayan estado expuestos al virus. Generalmente, las señales de alerta son los siguientes: fiebre, tos seca, moqueo, conjuntivitis y manchas blancas con centro blanco azulado y fondo rojo.

El sarampión cuenta con un total de tres periodos, cada uno de los cuales corresponde a unos determinados síntomas.

En primer lugar, lo que se conoce como periodo de incubación, cuya duración oscila entre los 10 y los 14 días. Se corresponde con el tiempo que transcurre entre el momento en el que el niño contrae la infección y aparece la fiebre.

En segundo lugar, el periodo invasivo, el cual se caracteriza por un periodo febril cuya duración va más allá de los cuatro días. También aparecen otras señales que hacen sospechar de la presencia del virus del sarampión, como laringitis y conjuntivitis. Además, en un alto porcentaje de los casos registrados aparecen las conocidas como manchas de Koplik, las cuales son de color blanquecino, bastante similares a las salpicaduras de sal.

Síntomas del sarampión infantil

Y, en tercer y último lugar, el demonado periodo exantemático, el cual comienza una vez han transcurrido dos semanas desde el contagio. Aparecen exantemas sobre la piel de color rojo violáceo; generalmente, el primer lugar en el que aparece es la cabeza y poco a poco se va extendiendo al resto del cuerpo. En la gran mayoría de los casos los exantemas no se dan en las palmas de las manos ni en las plantas de los pies.

¿Existen complicaciones?

Las complicaciones del sarampión no son demasiado frecuentes. No obstante, se dan en algunos casos y, por tanto, es importante tenerlas en cuenta.

Generalmente, cuando existe algún tipo de complicación se da en forma de infección bacteriana, como otitis o neumonía. La encefalitis es otra de las posibles afecciones que se pueden desarrollar a causa del virus del sarampión.

Diagnóstico y tratamiento

La prueba clave para detectar el virus del sarampión es un análisis de sangre que permita detectar los anticuerpos IgG e IgM frente a la infección. Si existen brotes de sarampión, el médico debe realizar un frotis faríngeo para posteriormente llevar a cabo un análisis molecular del virus.

Respecto al tratamiento, una vez diagnosticado el virus del sarampión, lo cierto es que a día de hoy no existe ningún tratamiento antiviral específico para combatir este virus. Si un niño está infectado, el tratamiento se basa en la administración de antitérmicos para aliviar la fiebre y antitusígenos para combatir la tos. Los antibióticos sólo están recomendados cuando se da algún tipo de complicación bacteriana.

Además, mientras los más pequeños se recuperan del sarampión es muy importante que se mantengan muy bien hidratados y, sobre todo, que guarden reposo.

Prevención

Actualmente sólo existe una única medida para prevenir la aparición de esta enfermedad: la vacuna del sarampión. Esta comenzó a aplicarse en España a finales de la década de los 70. Desde el año 1982 se administra a los más pequeños una vacuna triple-vírica; sarampión, rubeola y paperas.

A día de hoy se administran un total de dos dosis de esta vacuna. La primera de ellas cuando los bebés cumplen el año de vida, y la segunda de recuerdo a los cuatro años.

Esta es toda la información relativa al sarampión infantil. Hay una serie de factores de riesgo a tener en cuenta. Por un lado, no estar vacunado; la vacuna resulta esencial para no contraer esta enfermedad. Por otro lado, viajar a países en los que el virus del sarampión es más común. Y, por último, tener déficit de vitamina A, un nutriente esencial para el buen funcionamiento del organismo.

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